Preparemos nuestra barca

Mons. Agustín Román

 

 

El Monseñor Agustín Román habla para Ideal

“...que sea la oración el soplo que nos impulse al encuentro liberador con Jesucristo en esta gloriosa celebración mariana...”

Monseñor, los Obispos cubanos en el exilio han convocado el inicio de un tiempo de preparación hacia la celebración de los 400 años de la aparición de la Virgen de la Caridad, ¿en qué consiste el llamado?

Con la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre este 8 de septiembre del 2004 comenzamos el novenario para la celebración de los cuatrocientos años de la aparición de su bendita imagen en las aguas de la bahía de Nipe, en la hoy diócesis de Holguín, Cuba. Será una novena de años, nueve años de preparación espiritual, para la rememoración y la actualización del regalo del Señor a nuestro pueblo: la caridad, es decir, el amor del mismo Dios, en la figura de su Madre Santísima.

Por eso es que hoy hacemos un llamamiento a la familia cubana a recordar la historia mariana, cuatro veces centenaria en los cinco siglos de existencia de nuestra nación, a revivir nuestra fe cristiana católica y a revitalizar lo mejor del alma nacional.

¿Está Juan Pablo II exhortando a la obra?

Este primer año de la novena coincide con la exhortación del Santo Padre Juan Pablo II a encontrarnos con Cristo en la Eucaristía y así, armados con la gracia de ese sacramento de vida y amor, emprenderemos nuestro camino hacia el cuarto centenario de la presencia de la Virgen de la Caridad entre nosotros, cuyo final será un jubiloso reencuentro, una jubilosa renovación del cubano con su fe.

Debiéramos ver esta preparación como aquella que los tres Juanes sin duda hicieron para cruzar la bahía. Seguramente, aquellos tres sencillos hombres, representación genuina del pueblo de Cuba, no se lanzaron descuidadamente al mar, sino que aparejaron su barca con todo lo necesario para una travesía feliz y fructífera.

¿Qué mensaje nos trae la idea?

Nosotros debemos prepararnos para esta travesía espiritual, de manera que, al igual que ellos, hallemos al Señor en los brazos de María, dentro de la espiritualidad propia de nuestra idiosincrasia, orientada hacia el pleno disfrute de ‘la libertad gozosa de los hijos de Dios”.

¿Qué pruebas históricas hay de la aparición?

La declaración que ofreció Juan Moreno, “el negrito de la Caridad”, cuando tenía 85 años de edad, y que fuese encontrada en el Archivo de Indias de Sevilla gracias al desaparecido sabio cubano Dr. Leví Marrero, documento este reproducido en el número anterior de Ideal, permite fijar con certeza la fecha de la aparición entre los años 1612 y 1613. Con amorosa rememoración, aquel esclavo bendecido con la fe católica, nos narra como...”vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua.... y en estos discursos, llegados, reconocieron y vieron la imagen de Nuestra Señora la Virgen Santísima con un Niño Jesús en los brazos sobre una tablita pequeña, y en dicha tablita unas letras grandes las cuales leyó dicho Rodrigo de Hoyos, y decían: “Yo soy la Virgen de la Caridad”.

¿Qué repercusión tuvo la Virgen en el pueblo cubano durante el primer medio siglo de la República?

Al alborear la República en 1902, es ostensible que Nuestra Señora de la Caridad del Cobre reina en los corazones cubanos de Maisí a San Antonio, y ésto es ratificado a mediados del propio siglo XX cuando, con motivo del Cincuentenario de la República, se suceden grandes manifestaciones populares al recibir a la imagen peregrina en la misión que, auspiciada por los obispos de la isla en aquel tiempo, el recordado franciscano Manuel de Oroquieta llevó a cada uno de los municipios cubanos.

Ya para entonces, era común ver en casi todos los hogares católicos, que eran la gran mayoría en Cuba, junto al cuadro venerado del Sagrado Corazón de Jesús, el de su Santa Madre en su advocación de El Cobre, tan sembrada en el alma nacional, que era por tierno cariño, ausente de toda irreverencia, que en lenguaje de la religiosidad popular la llamara por el cubanísimo apelativo de "Cachita".

A la rapidez de su expansión, habría que añadir la profundidad de esta devoción cubana, algo demostrado de manera singular en los últimos años, en los que, a pesar del huracán marxista que todavía azota a Cuba, ella sigue siendo la referencia primera de la fe cristiana en la isla, como se pudo ver en el acto de coronación de la imagen bendita por el Santo Padre Juan Pablo II durante su memorable visita allá, en 1998. El terror logró que muchos quitaran de sus hogares la estampita de La Caridad, pero no pudo lograr que la quitaran de sus corazones.

Y antes, ¿los gloriosos mambises también la veneraban?

En 1801 los mineros de El Cobre, dirigidos por el padre Alejandro Ascanio, obtienen su libertad por Real Cédula, leída ante el Santuario de la Virgen por el propio sacerdote. Más tarde, surgiría ella de la manigua como “la Virgen Mambisa”, por su presencia constante en la fe y el amor de los que combatían por la independencia, devoción ejemplificada, entre otros, en el Lugarteniente General Antonio de la Caridad Maceo y Grajales.

En 1916, fue a petición de los veteranos mambises y con el apoyo de los obispos que el Papa Benedicto XV proclamara a Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre como Patrona de Cuba. En 1959 la imagen auténtica aparecida en Nipe fue llevada a La Habana para presidir el Congreso Católico Nacional, gran manifestación de fe y primera gran manifestación pública de denuncia a la entonces incipiente comunización de Cuba, y fue ante esa misma imagen, en 1998, también durante la visita pastoral del Santo Padre, que millares de cubanos, a viva voz, reclamaron la verdadera la paz fundada sobre la verdad, justicia, amor y libertad.

Vale recordar aquí que, en el espíritu del Magníficat, la bella oración de María, la libertad del hombre no puede entenderse desligada de la fidelidad a Dios. Esto lo resumió sabiamente nuestro obispo y profeta Eduardo Boza Masvidal, hoy en la Casa del Padre, en su famosa sentencia de que “no es libre por fuera, quien no es libre por dentro”. Esa libertad total, dichosamente sujeta al amor de Dios, es la que Nuestra Señora de la Caridad del Cobre representa para el pueblo cubano como su más puro símbolo.

Monseñor Román, agradecemos su tiempo y sus palabras para nuestros lectores. ¿Un mensaje final para ellos?

Madre y Liberadora, compañera fiel de nuestro pueblo en su peregrinar hacia Cristo y en su vocación de unidad trascendencia y libertad, María Santísima nos invita a la celebración de los cuatrocientos años de su presencia entre los cubanos, uniéndonos a ella en la proclamación del Dios Todopoderoso que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” y en el seguimiento de su hijo, el Señor, que nos llama a amarnos unos a los otros, como Él nos ha amado abiertos a la justicia y la reconciliación.

Preparemos, pues, nuestra barca y que sea la oración el soplo que nos impulse al encuentro liberador con Jesucristo en esta gloriosa celebración mariana, para bien de nuestras almas y para bien de nuestro pueblo.

 

Fuente: Revista Ideal Noviembre del 2004 No.331