La Madre del Redentor

Mons. Agustín Román

 

 

La Carta que muestra el amor del Papa a María

El Santo Padre Juan Pablo II abrió el Año Mariano 1987-1988 con una encíclica que se hacía esperar: “Redemptoris Mater”. Veamos unos minutos el mensaje que en ella se ofrece a todos los cristianos para sacar primero el propio nuestro.

El Papa toma un tema casi olvidado pero muy importante de los Padres de la Iglesia: "María, la Nueva Eva". San Ireneo, San Justino y Tertuliano lo desarrollan en el siglo II. La encíclica toca este tema en los números 13, 19 Y 41. La antífona del Benedictus en el Común de la Virgen nos lo hace orar así: “Por Eva se cerraron a los hombres las puertas del paraíso y por María Virgen se han vuelto a abrir a todos”. El Antiguo Testamento lo abre una mujer. El Nuevo Testamento lo abre otra. Ambas hablan con ángeles y ambas responden, Fiat. La diferencia es que la primera mujer habla con un ángel que viene con un mensaje del infierno y por tanto desobedece. La segunda responde a un mensajero del cielo y obedece. Por la primera se cerraron a los hombres las puertas del paraíso y por la segunda se han vuelto a abrir a todos las mismas puertas.

El Papa en su encíclica, siguiendo los Padres citados nos presenta a María Nueva Eva en tres cuadros: 1. En La Anunciación, 2. En la Presentación, que el tiene la novedad de llamar el segunda “Anuncio de María”, dado que indica la concreta dimensión histórica en la cual el Hijo cumplirá su misión, es decir, en la incomprensión y el dolor.

El tercer cuadro en que nos presenta a la Nueva Eva es la cruz. En los tres cuadros María cree el mensaje divino. Ella es feliz porque a creído. Oigamos al Papa en el numero 19: Desde la cruz es decir, desde el interior mismo del misterio de la redención se extiende el radio de acción y se dilata la perspectiva de aquella bendición de fe. Se remonta hasta el comienzo y como participación en el sacrificio de Cristo, Nuevo Adán, en cierto sentido, se convierte en el contrapeso de la desobediencia y de la incredulidad contenidas en el pecado de los primeros padres.

La encíclica se detiene en la cruz y nos hace escuchar y meditar las palabras de Cristo a “María mujer ahí tienes a tu Hijo” y las palabras a Juan “Ahí tienes a tu Madre”. Se puede decir además que en estas mismas palabras esta indicado plenamente el motivo de la dimensión Mariana de la vida de los discípulos de Cristo, no solo de Juan, que en aquel instante se encontraba a los pies de la cruz en compañía de la Madre de su Maestro, sino, que, en Juan, todos los discípulos de Cristo, estaban presente (45). En la carta de Jueves Santo a los sacerdotes de 1987 el Papa dice que en el corazón de Juan al pie de la cruz estarían grabadas las palabras de la noche anterior en el cenáculo: “Hacer esto en memoria mía”. Todos los fieles y de manera especial los sacerdotes necesitamos la fe de María, una fe profunda y firme en virtud de la sucesión apostólica del cenáculo. A la Virgen necesitamos todos acogerla en nuestra casa como Juan la llevó consigo, nos dice el Santo Padre que las traducciones, incluso la que usamos en la liturgia actualmente dice: “La llevó consigo a su casa pero grandes escripturistas como el Padre Ignacio de la Potesie nos dice que la traducción exacta es “la acogió en su intimidad”.

“Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (Juan 19, 27). Esta afirmación quiere decir con certeza que al discípulo se atribuye el papel de hijo y que el cuidó de la madre del Maestro amado. Y que María fue dada como madre personalmente a él. La afirmación indica, aunque sea indirectamente, lo que exprese la relación íntima de un hijo con la madre. Y todo esto se encierra en la palabra “entrega”. La entrega es la respuesta al amor de una persona y, en concreto, al amor de Madre”.

A la luz de la encíclica Redemptoris Mater, el Papa escribió la carta del Jueves Santo a los sacerdotes para que recordemos la relación entre Sacrificio, Sacerdocio, y Encarnación. Para invitarnos a unirnos al altar con María cada día.

A la luz de esta encíclica Redemptoris Mater ha cerrado aquel Año Mariano con la carta sobre la dignidad de la mujer, del 15 de agosto del 1988.

En su carta sobre el Rosario, el Vicario de Cristo nos invita a meditar los misterios de la vida del Señor en unión con María. Ojála que lleguemos a hacerlo regularmente con nuestras familias. Estoy seguro que será una fuente de bendición.

La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos nos dirigió una carta pastoral a los hispanos donde nos dice que entre los valores de nuestra cultura está: "Una auténtica y firme devoción a María Madre de Dios". Desarrollada en el marco del catolicismo popular. En el transcurso de medio milenio hemos aprendido a expresar la fe en oraciones y tradiciones que iniciaron, alentaron y desarrollaron los que sembraron las semillas del Evangelio en este continente.

Fuente: Revista Ideal Mayo del 2004 No.328