La Caridad tiene rostro

Mons. Agustín Román

 

 

El Padre Francisco Santana murió el pasado 28 de enero, día en que se cumplían 62 años de haber recibido el bautismo en la Catedral de Cienfuegos. Hecho significativo de que el mismo día de su entrada en el Reino de Dios aquí en la tierra pasara a disfrutar del gozo del Reino en el cielo.

Cursó sus estudios en el Colegio Champagnat de los Hermanos Maristas de la Vibora en La Habana graduándose de bachillerato en 1959, año en que decidió hacerse sacerdote. Dirigiéndose al seminario del Buen Pastor de la Arquidiócesis de La Habana cursó estudios hasta el año 1961 en que fue cerrado por el gobierno comunista de Cuba. Durante su juventud se había dedicado al apostolado en la JEC (Juventud Estudiantil de Acción Católica) con gran entusiasmo.

En 1961, al cerrarse el Seminario partió al exilio continuando sus estudios eclesiásticos en la Abadía Benedictina de St. Meirnand en el estado de Indiana. Fue allí donde se graduó de Bachillerato en Artes (BA) pasando entonces a la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica donde recibió el Master en Teología y más tarde obtuvo la licencia.

Al ver cerrada la posibilidad de entrar en Cuba donde el había decidido siempre hacer su ministerio, se dirigió a la diócesis de Choluteca, Honduras, donde fue ordenado el 12 de diciembre de 1968, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América por Monseñor Marcelo Gerin trabajando como misionero hasta 1974. En 1976, llegó a Miami siempre con la idea de regresar a Cuba cuando la situación cambiara y se le permitiera el regreso. Trabajó en Miami en diversas labores ministeriales en las parroquias y sobre todo en los medios de comunicación en la radio, TV y por la escritura.

Llegó a la Ermita en 1992 durante el trabajo de reflexión en preparación al V Centenario de la Evangelización de América cuando vivíamos la inolvidable experiencia de CRECED (Comunidades de Reflexión Eclesial Cubana en la Diáspora) en la cual participó con entusiasmo. A pesar de haber vivido tan solo 20 años en Cuba y 42 en el exilio, nunca olvidó la patria en que nació. Siempre pensó en ella. Fue un hombre que amó su sacerdocio de manera preferencial. Una vez que se le preguntó, qué había significado para él el sacerdocio, respondió rápidamente: “Para mí ser sacerdote de Cristo lo es todo”, y siguió diciendo, “Algunos amigos que a través de los años me vieron perseverar, obedecer y sufrir callado, me decían que no tenía ego”, algo excepcional para un cubano. “Les dije: Mi ego es Cristo, por eso me sentí llamado a la vocación sacerdotal. Para mí vivir es Cristo. Tratar de reproducir en mi vida el evangelio, es lo esencial aunque siempre esté presente el miedo a la cruz, que es el camino del auténtico discipulado, y las miserias propias a mi condición humana”. Y continúa describiendo su ministerio: “Mi ministerio sacerdotal tiene como función principal activar el sacerdocio de los fieles en la celebración eucarística; elevar la comunidad al Padre. Como decimos en la misa, ´por Cristo, con Él y en Él en la unidad del Espíritu Santo. Es por Él que damos honor y gloria al Padre Eterno.´

Pero en la vida del Padre Santana no solo estaba su amor a Dios, sino también al prójimo por eso nos dice en sus escritos: “La mejor predicación es la vida misma. La fe debe expresarse en la Acción. Por esto envío medicinas a Cuba, por eso trato de resolverle sus necesidades. ¿Con qué cara voy a hablarles del amor, el primer mandato del Señor si no entrego mi vida? La caridad tiene rostro.” Su amor patrio lo expresa con estas palabras: “Dios me ha situado aquí en Miami y me siento allá en la Cuba que amo. A veces sufro por estar aquí y sentirme allá. Es el precio de mi vocación de puente, de comunión entre la nación cubana que vive en la Isla y la nación cubana que vive en el exilio. Entre la Iglesia que vive en Cuba y la Iglesia que vive en la Diáspora el amor de Cristo me lleva al amor total. No hay dos pueblos, no hay dos Cuba, no hay dos Iglesias. Solamente podemos encontrar la síntesis de comunión uniendo en un mismo corazón el amor a Cristo y el amor a Cuba.”

Su caridad también se expresó en el ecumenismo, orando por la unidad de los cristianos y compartiendo, con gran fraternidad, nuestra fe con los hermanos de otras denominaciones.

La búsqueda de un cambio para Cuba por la vía pacífica lo hizo entregar su tiempo libre a ayudar y apoyar los esfuerzos de aquellos que en la Isla se sacrificaban no por su bien personal, sino por el bien común de la patria. Fue un gran simpatizante del Proyecto Varela no solo por la amistad de años que lo unía a Oswaldo Payá, sino porque encontraba en él la respuesta a los derechos humanos que tanto necesita nuestro pueblo sufriendo por más de cuatro décadas el totalitarismo comunista. Refiriéndose a aquellos que a pesar de las dificultades continúan luchando por vía pacífica sin desmayar, dijo: “Por amor a la verdad estoy comprometido desde los mismos inicios cuando Ricardo Bofill estaba en la cárcel con aquellos que el pueblo de Cuba conoce como Luchadores por los Derechos Humanos y que otros llamaron Disidentes. ¿Cómo voy a decir que amo a Cuba y no amar y ayudar a aquellos que dan su vida para que todos los cubanos tengan derechos humanos?”

Su inquietud para que todos los enfermos que no tenían familias en el extranjero no les faltara la medicina le hizo crear el programa humanitario que un equipo de buenos voluntarios mantiene bajo el nombre “Cubanos con Fe en Acción” programa que ha hecho tanto bien y que ha sido expresado en las miles de cartas que se reciben y conservan desde Cuba. Al leerlas se manifiesta el dolor de Cuba y la gratitud a aquel que no se olvidó de ellos.

Ahora nos toca a nosotros conservar su obra ayudando a esta institución que el Padre Santana no olvidará desde el cielo a tantos que han ayudado con su dinero o con su trabajo y que en su nombre sigue manteniendo vivo a Cubanos Con Fe En Acción.

Fuente: Revista Ideal Enero del 2004 No.326