“No estoy solo”

Mons. Agustín Román

 

 

Habiendo siempre realizado mi ministerio sacerdotal a nivel de comunidades parroquiales, acompañado con familias de fieles y ser nombrado en septiembre de 1967 por el Arzobispo Coleman F. Carroll como Director Espiritual del nuevo Santuario de la Virgen de la Caridad que comenzaba en una humilde capillita para guardar la imagen de la Virgen que había llegado de Cuba el 8 de Septiembre de 1961, me sentí solo. Me sentí solo, porque entonces no tenía una comunidad con quien compartir.
Pronto vi como los devotos de la Caridad comenzaron a acercarse a la Ermita, como la llamaron desde el principio, y descubrí que el amor de nuestro pueblo a nuestra Santa Patrona era mayor de lo que me había imaginado. Entonces vi que no estaba solo.

El grupo de fieles que se acercaban eran procedentes de las distintas parroquias de Cuba y estaban muy comprometidos con la organización cívica en Miami de los Municipios de Cuba en el Exilio. Sentían el amor patrio y el amor maternal de la Virgen.

El Arzobispo Carroll pidió en 1968 que así como ya existía el Comité para la recaudación y la construcción del Santuario desde 1966, se creara la Cofradía de la Caridad para hacer crecer y mantener la devoción a nuestra Madre Celestial. La Cofradía no era nada nuevo para nuestro pueblo cubano porque ya en el primer sínodo de la Iglesia en Cuba, el 9 de agosto de 1682, aparece en la lista de las asociaciones religiosas. En el Santuario Nacional del Cobre y en otras Iglesias existía la Cofradía también. El padre Oroquieta, el franciscano que hizo el recorrido durante el cincuentenario de nuestra República a través de todas las poblaciones de la Isla, recomendaba se fundara en todas partes.

Mons. Eduardo Boza Masvidal, el Obispo cubano desterrado en Los Teques, Venezuela, respondiendo a las peticiones que recibía de las distintas partes del exilio pidiendo orientación para fundar asociaciones en honor de la Virgen de la Caridad, nos preparó un reglamento inspirado en el que ya existía, pero adaptado a las necesidades de nuestro pueblo en la diáspora. Lo firmó el 8 de septiembre de 1968. Nos llegaba el nuevo reglamento en el mismo año en que había nacido en Miami la Cofradía.

Los miembros del comité coordinador lo estudiaron y buscando como evangelizar a nuestro pueblo pensaron que lo mejor sería organizar las peregrinaciones según la división de Cuba en provincias y municipios ya que se veía que el destierro cubano venia de todas partes de la isla.

Organizaron las peregrinaciones de cada municipio tres veces a la semana, y romerías cada dos meses, de cada provincia, teniendo en cuenta que la celebración del 8 de septiembre sería el acto de todos.

El entusiasmo hizo que comenzando con unos cien miembros pronto llegara a diez mil y más tarde pasar de cincuenta mil. La Cofradía contribuyó y contribuye modesta, pero permanentemente, a esta obra de la Ermita de la Caridad. En 1980 se pudo ver que la devoción a la Virgen bajo la advocación de la Caridad se había extendido a otros católicos que habían llegado a Miami y que por contacto con los cubanos comenzaron a conocerla y amarla. Ya ese grupo de la Cofradía de otros países hermanos de América era considerable y preparándonos a la celebración del V Centenario de la Evangelización de América en 1985, comenzaron a peregrinar 24 países del continente en el mes de octubre del aniversario de la llegada de la cruz a estas tierras.

Lo que ha sido más hermoso en sus miembros es el vivir la caridad, el amor por 37 años. La Caridad es el nombre con que María ha querido llegar a nuestro pueblo.

La necesidad de comunicarse con tanta membresía hizo que desde el principio comenzara un boletín bimestral y al mismo tiempo llevaba un sobre donde los socios envían su contribución.

El Arzobispo Carroll fundó la Cofradía. El Arzobispo McCarthy la reconoció como parte de las Asociaciones y Movimientos Apostólicos de Laicos de la Arquidiócesis de Miami. El Arzobispo Favarola la elevó al rango de Archicofradía el 31 de mayo de 1998.

Su Santidad Juan Pablo II le envió su bendición en dos ocasiones, en 1993 y en 1998, con motivo de cumplirse 25 años y 30 años de su fundación.

Pensé que iba a trabajar solo, pero la Cofradía me ha acompañado durante 37 años y nunca me ha dejado.

Le doy gracias a la Cofradía, de todo corazón, por haberme acompañado y les pido que continúen acompañando y trabajando con el nuevo Rector Padre Oscar Castañeda, los Sacerdotes, Diáconos y Religiosas que trabajan en la Ermita para que todos podamos vivir su lema y hacerlo realidad: ¡QUE TODOS VAYAMOS A JESÚS POR MARIA!

Fuente: Revista Ideal Septiembre del 2005 No.336