Ni la muerte opacó su voz 

Mons. Agustín Román

 

 

El pasado 18 de Noviembre, a las 10:00 a.m., un numeroso grupo de amigos nos reunimos con la familia Villaronga y los miembros del Movimiento Familiar Cristiano en los jardines de la casa Caná, en Hialeah. El motivo, presenciar el nombramiento, por parte del señor Alcalde Raúl Martínez y de los Concejales de la “Ciudad que Progresa” de la calle 8 del Este como Padre Villaronga Street.

Tal nombre, dado a la calle 8 del Este nos llenó de alegría a todos, principalmente a los cientos de amigos del buen Fraile Franciscano a quienes él iluminó por casi medio siglo en Miami.

Una calle es un camino, una vía por donde pasamos y estoy seguro que nos hará recordar a esa persona que tanto bien nos hizo con su vida y su predicación. Aún más, el nombre de una calle les hará preguntarse en el futuro, a los que no lo conocieron: ¿quién fue el Padre Villaronga?; y estoy seguro que por la respuesta a la pregunta les hará mucho bien recordar al Heraldo de Jesucristo.

Será imposible pasar por aquella calle sin recordar al sacerdote ejemplar que cada día con su predicación nos despertaba en la fe cuando estábamos dormidos. Su nombre allí y su palabra diaria por Radio Paz es la de un muerto que sigue hablando.

El Padre Villaronga nació en España el 15 de Septiembre del 1925 y de muy pequeño llegó, con su familia, a Cuba, patria a la que amó tanto como a la suya. Estudió su carrera sacerdotal en España y desarrolló su ministerio, casi totalmente en Cuba y, posteriormente, en Miami. Su nombre no se olvida por donde pasó, su huella es imperecedera, a pesar de los años, pues fue su vida una verdadera predicación. Mucho bien hizo al pasar por las parroquias de Little Flower en Hollywood, Corpus Christi, San Roberto Belarmino, St. Raymond y St. Lázaro, así como su trabajo con Monseñor Walsh con los niños de Pedro Pan que venían de Cuba al comienzo de los años 60.

Su trabajo en el Centro Hispano Católico consolando a todos los desterrados que llegaban de Cuba fue admirable.

Pero, el más destacado servicio del Padre Villaronga fue con su sacerdocio a las familias. Entendió muy pronto que si se evangeliza la familia no solo se cambia la familia misma, sino que se transforma el mundo. La familia es la célula básica de la Iglesia y la Sociedad.

Llegó a Miami en Mayo de 1961 y, a petición del Obispo fundó el Movimiento Familiar Cristiano en 1963. Desde entonces trabajó noche y día por hacer: “un mundo mejor a través de una familia más feliz”. Comenzó los Encuentros Matrimoniales que tanto bien han hecho a esta Arquidiócesis de Miami en 1968. Desde entonces predicó con el Movimiento Familiar Cristiano 226 Encuentros sin contar los que llevó a cabo en otras partes fuera de la Arquidiócesis.

La Casa Caná en esta calle que hoy lleva su nombre será el testimonio del sacerdote que trabajó incansablemente por el bien de la familia.

El Padre Luis García, párroco de la parroquia de Sta. Cecilia y actual director espiritual con los laicos del MFC continúa el trabajo del Padre Villalonga, el gran apóstol de la familia durante tantos años.

La calle 8 del Este en Hialeah, hoy llamada Calle Padre Villaronga, nos hará siempre, no solo recordar al sacerdote ejemplar, sino elevar nuestro corazón al buen Dios con la oración de San Francisco con que empezaba diariamente sus programas: Dios excelso y Señor mío Jesucristo, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Fuente: Revista Ideal Diciembre del 2005 No.338