Ecumenismo y paz

Mons. Agustín Román

Me gusta el mes de enero. Comienza con la Jornada Mundial de la Paz el día 1ro., y casi termina con la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Al comenzar este año, durante mi retiro espiritual, en los ratos libres releí los mensajes del Santo Padre Juan Pablo II durante estos años de pontificado, y me detuve largo rato en el llamado a la paz del año 1992, que tituló: “Creyentes unidos en la construcción de la paz”.

Hizo el Papa una nueva y fraterna invitación a reflexionar sobre las vicisitudes humanas de aquel momento, que se parece al que vivimos, para elevarlos hacia una visión ético-religiosa en la cual los creyentes, y de manera especial los cristianos, debemos ser los primeros en inspirarnos. Nos recuerda que por nuestra fe estamos llamados individual y colectivamente a ser mensajeros y constructores de la paz. Nos dice que como los demás, y más que ellos, los cristianos estamos llamados a buscar, siguiendo al Maestro con humildad y perseverancia, las respuestas adecuadas a las expectativas de seguridad y libertad, de solidaridad y participación que unen a los hombres en un mundo que, gracias a los adelantos en las comunicaciones, se está haciendo, por así decirlo, cada vez más pequeño. Si trabajar por la paz fundada sobre la verdad, justicia, amor, y libertad, atañe a toda persona de buena voluntad, ha de ser un deber urgente para cuantos profesan la fe en Dios, y más aún para los cristianos que tenemos como guía al Príncipe de la paz. (Isaías 9,5.)

Es una experiencia común que la aspiración a la paz es inherente a la naturaleza humana, y se encuentra en la humanidad y, por tanto, en las diversas religiones del mundo. En todo ser humano se manifiesta el deseo de orden y tranquilidad, hacia los demás, en la colaboración y participación basadas en el respeto recíproco, y en la fraternidad que toda religión debe crear. Todos los creyentes debemos crear oasis de paz en este desierto del mundo.

El Santo Padre, Mensajero de la paz y la esperanza, nos recordaba el Encuentro de Asís en 1987, con los responsables de las distintas religiones en los distintos continentes, orando unánimemente por la paz en el mundo, pero al mismo tiempo este año nos dice que la búsqueda de la paz es tarea permanente. Hay que mantener vivo el espíritu de Asís, tierra de San Francisco, quien imploró para él y para todos el hacernos instrumentos de la paz.

Sin excluir los esfuerzos humanos, debemos subrayar la necesidad de una oración intensa y humilde, confiada y perseverante, para convertir este mundo en una morada de paz, pues la oración es la fuerza por excelencia para implorarla y obtenerla. Es la oración la que nos impulsa el encuentro con el Altísimo, y nos dispone también al encuentro con todo hombre o mujer, que es nuestro hermano o hermana.

Este año, como todos los años del 18 al 25 de enero, los cristianos celebramos la Semana de Oración por la Paz y por la Unidad. Nosotros en Miami nos hemos reunido, miembros de las distintas denominaciones cristianas, en la Iglesia Episcopal de Todos los Santos, para orar juntos por que la Unidad y la Paz reinen en el corazón de cada uno de los que seguimos a Cristo, y en el mundo.

Somos conscientes de que la misma fe en Jesucristo nos compromete a dar un testimonio concorde con el Evangelio de la paz (Efesios 6,15), y a construirla junto con los demás creyentes, y así vivir el espíritu de la bienaventuranza evangélica: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. (Mt 5,9.)

Fuente: La Voz Catolica. Enero del 2003