Apoyemos el Proyecto Varela

Mons. Agustín Román

 

 

El Proyecto Varela, concebido y dado a conocer por el Movimiento Cristiano Liberación desde el territorio propio de la nación cubana, e inspirado en la prédica del siervo de Dios y patriota cuyo nombre lleva, llega en un momento oportuno y necesario. El Proyecto Varela viene a reavivar las llamas de la renovación cívica, que los cubanos han deseado desde hace cuatro décadas y que Cuba ha experimentado de manera especial a partir de la visita del Santo Padre Juan Pablo II, en enero de 1998.

Esta renovación cívica se manifiesta en la aparición, durante los últimos años, de un gran número de organizaciones no gubernamentales, como bibliotecas independientes, asociaciones profesionales, etc. Todo ello concorde a lo que la Iglesia propone como actividades correspondientes a los laicos en el ejercicio de sus derechos.

Estoy convencido de que el Proyecto Varela merece el apoyo de todos los que queremos ver un cambio verdadero y pacífico en Cuba, por tres tazones fundamentales:

La primera es que no busca soluciones falsas, como sería toda aquella basada en la asunción de compromisos con el gobierno cubano, en supuestas concesiones de éste o en dádivas de otros gobiernos o entidades. El pueblo cubano reclama, a través de este proyecto, su derecho a ejercer libremente el sufragio y escoger mediante el mismo su destino político. Si los obligados a escuchar la voz del pueblo no lo hacen, será solamente de ellos la responsabilidad del estancamiento presente y de sus consecuencias en el futuro.

La segunda razón es que, al enmarcarse dentro de las leyes actualmente vigentes en Cuba, facilita la participación de un gran número de cubanos que se irían despojando del temor al formar parte de un proyecto que no puede ser calificado de “ilegal” ni de “subversivo”. De esta forma, sin apenas proponérselo, el cubano se estaría convirtiendo en “protagonista de su historia”, tal como precisara el Mensajero de la Verdad y la Esperanza al dirigirse a los jóvenes de nuestro país en Camagüey durante la visita a Cuba anteriormente mencionada.

Y la tercera razón es su carácter inclusivo, que abarca tanto a los cubanos de la isla como a los del exilio. Sólo por los caminos de la unión, haciendo buena la frase que afirma que “somos un mismo pueblo”, es que puede haber para Cuba un futuro de liberdad, justicia y progreso.

Además, en las cinco propuestas que este proyecto contiene (amnistía política, derechos a la libre expresión, a la libre asociación, a la libre formación de empresas y reforma de las leyes electorales), veo recogidos muchos de los planteamientos que han sido formulados por las organizaciones del exilio a través de los años.

Todo esto debe animarnos a apoyar este proyecto, al tiempo que, como he hecho siempre, recabo de todos una vez más las más fervientes oraciones para que, puestas a los pies de la Madre de Cristo y Nuestra Madre María de la Caridad del Cobre, lleguen hasta el Señor Jesús, Señor de la Libertad, en favor de Cuba y de todos sus hijos.

Fuente: La Voz Catolica. Marzo, 2001