Cuba a 20 años del ENEC

Mons. Agustín Román

 

 

Las Iglesia en Cuba acaba de celebrar con gran participación, del 15 al 18 del pasado mes de febrero, los 20 años del ENEC – Encuentro Nacional Eclesial Cubano.

Monseñor Emilio Aranguren, Obispo de Holguín brindó una extensa panorámica del camino recorrido por la Iglesia en Cuba a 20 años del ENEC. Contemplando estas dos décadas expresó que a no ser por esta Reflexión Eclesial hubiera sido impensable la labor de Caritas en todos sus niveles, la labor de la Pastoral Penitenciaria, las casas de misión que se extienden cada día más por toda la Isla, la visita del Santo Padre Juan Pablo II, el camino recorrido por las publicaciones católicas en todas las Diócesis, los Planes Pastorales y una larga lista de acciones impensables en una Iglesia pre ENEC.

El plan Global de Pastoral 2006-2010 fue presentado por un panel. Este plan, el tercer de su tipo desde que se empezaron a elaborar en el año 1996, pretende ser una herramienta que anime la vida de la Iglesia durante los próximos cinco años y está escrito teniendo en cuenta los reportes de las múltiples comunidades parroquiales que trabajan siempre a pesar de las grandes dificultades del sistema totalitario imperante en la Isla.

El Cardenal Renato Martino, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz presentó su conferencia sobre “Retos de la Iglesia en el mundo actual” planteando: “La Iglesia se auto comprende y auto define como una Iglesia al servicio de la humanidad y de la dignidad de la persona humana”, es conciente que debe responder, desde su identidad, a todos los grandes problemas que aquejan a la humanidad. Abortó otros temas como el diálogo pastoral en la Iglesia con el mundo contemporáneo, la Doctrina Social de la Iglesia como instrumento importante e imprescindible para este diálogo con el mundo y la Pastoral Social como concreción en la misión de practicar la caridad en el ámbito de las relaciones sociales. Delante de las autoridades del gobierno expresó con gran valentía: El amor-caritas siempre será necesario incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido, y cualquier ser humano necesita. Una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino, que generosamente reconozca y apoye de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas. En ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo.

Fuente: Revista Ideal, Miami, Fl. USA Marzo, 2006