El sacerdote, el Santuario , La Virgen y el pueblo

Teresita Núñez

 

 

En mi vida he atravesado por varias etapas, he encontrado cambios y pérdidas, pero desde que tengo uso de razón hay algo que siempre se ha mantenido constante y eso es la Ermita. Y todos saben que no se puede hablar de la Ermita de la Caridad sin hablar de Monseñor Román. Él es modelo e inspiración para todos los hijos de la Caridad. Le doy gracias a Dios por darme la oportunidad de crecer básicamente en la Ermita, al lado de Monseñor, las hermanas y la cofradía. Cuando estoy en la Ermita me siento más como en mi casa que en ningún otro lugar en este mundo. Al entrar por ese portón, mi alma se llena de una alegría especial, difícil de describir. Hay algo peculiar en la Ermita. Aquí la brisa del mar recoge las oraciones, lágrimas, risas, gratitudes y lamentos de todos los que a los pies de la Virgen vienen con sus corazones llenos de fe y esperanza en la Virgen de la Caridad.


La Ermita es nuestra capital y nuestro Presidente, sin lugar a dudas, es Monseñor Román.

No puedo contar las tardes que pasé correteando bajo esos majestuosos pinos que abundaban en La Ermita, como si estuviera en el patio de mi casa. En mi mente están eternamente grabados los bellos recuerdos de romerías, misas de campo, veladas, procesiones, rosarios y misas del sábado. Me da risa cuando recuerdo, siendo niña, sentada en los viejos taburetes dentro de la Ermita y contemplando el inmenso mural detrás del altar. En aquel tiempo no entendía completamente lo que estaba viendo, pero siempre encontraba algo en ese mural que no había visto antes. Hoy cuando entro a la Ermita pienso y trato de ver el mural con ojos de niña, pero ya no puedo. Ahora entiendo que ese mural representa la historia de mi pueblo y mis raíces. Crecer en La Ermita, me ha dado el privilegio de entender muchas cosas que bajo otras circunstancias a lo mejor no entendiera.

Entiendo que la Ermita es la casa de todo los cubanos, ya que fue hecha como Monseñor siempre dice, kilo a kilo. Esa es una de las razones por la cual la Ermita es un lugar tan especial para tanta gente. A lo mejor, con contribuciones de millonarios se pudiera haber hecho un edificio más grande, atractivo y lujoso, pero entonces fuera solamente un edificio más. La Ermita, a parte de ser la casa de nuestra madre celestial, y un santuario nacional de adoración, es algo mucho más que cualquier iglesia o santuario. La Ermita está hecha de concreto, amor y sudor. Todos cuando vienen aquí saben que en algún momento ellos contribuyeron en algo y esa es su casa, por eso es tan especial para tantas personas.

Los exiliados cubanos, de alguna manera, hemos formado como un país independiente. La Ermita es nuestra capital y nuestro Presidente sin lugar a dudas es Monseñor Román. En teoría un Presidente guía y protege a su nación. Monseñor es anónimamente el guía espiritual y moral de todos los cubanos. Es un ser ejemplar en sus tres categorías, ser humano, sacerdote y cubano. En mi opinión, si nuestro pueblo tuviera que cruzar el Mar Caribe a pie, Dios mandaría a Monseñor a guiarnos, porque en estos 40 años que llevamos fuera de la tierra prometida, él ha sido nuestro Moisés. Mejor guía no le pudiéramos haber pedido a Dios. Y pienso que lo digo con todo mi derecho. No he vivido mucho, pero lo que he vivido ha sido aquí al lado de la Ermita y he sido testigo desde muy niña de la gran obra y extraordinario trabajo que hace Monseñor, y no sólo del trabajo que hace, sino con el amor y la dedicación que lo hace.

Muchas gracias Monseñor por ser guía y maestro mío y de todo nuestro pueblo, que Dios y la Virgen lo sigan protegiendo y bendiciendo siempre porque el día que Cuba sea libre es cuando más vamos a necesitar de su sabiduría.

 

Fuente: Revista Ideal Noviembre del 2003 No.324