Una misión y un propósito providenciales.

En el 25º aniversario episcopal de Mons. Agustín Román,

celebrado en la Catedral

La Voz Catolica

 

 

Una misión y un propósito providenciales. En el 25º aniversario episcopal de Mons. Agustín Román, celebrado en la Catedral

Homilía de Mons. Felipe J. Estévez, Obispo Auxiliar de Miami, en la misa del 25 aniversario de Mons. Agustín Román como obispo y el 45 aniversario como sacerdote. La celebración se llevó a cabo el 24 de marzo en la Catedral.


El domingo pasado, el Obispo Román mencionó chistosamente que en la ciudad de Miami, siempre estamos celebrando homenajes, y que él, por su parte, tenía que aceptar el homenaje en ocasión de sus 25 años como obispo un tanto a la manera del que se le dio, hace unos días, a un viejo orangután en el zoológico… Permítaseme afirmar, solemnemente, que esta noche se rinde un homenaje mucho mayor que el que se le dio al orangután del Zoológico de Miami.

El P. Robert Vallee –quien, como ustedes saben, puede tener a veces grandes ideas– dijo, con motivo de su primera misa como sacerdote, que no habría ninguna celebración, que esperaría al 25º aniversario para realizar entonces una gran celebración. Yo lo he citado muchas veces. Quizás hasta podríamos decir, siguiendo la misma línea de pensamiento, que hoy, al celebrar el 25º aniversario del Obispo Román, la celebración es mejor, porque son muchos los frutos por los que debemos estar agradecidos. En primerísimo lugar, a nuestro Dios Trino por todas sus gracias: el Señor es la fuente de todo conocimiento y de todo bien.

También es oportuno que la Arquidiócesis de Miami se sienta agradecida, porque estos 25 años han sido entregados plenamente a la Arquidiócesis de Miami. Para algunos, esto ha sido muy bueno; para otros, muy malo, pues si las campanas de la libertad hubieran repicado en la querida isla de Cuba, la historia de Mons. Agustín Román podría haber tomado otra dirección.


Es muy apropiado que esta conmemoración de su investidura para el ministerio episcopal tenga lugar en una solemnidad mayor: la Anunciación. Los 25 años de servicio de Román se han desarrollado en un amado santuario mariano. El obispo auxiliar y el rector del santuario de Nuestra Señora de la Caridad han mantenido siempre una identidad y una reciprocidad conjuntas: un cargo enriquece al otro.

Aquí estoy, oh Señor, para hacer tu voluntad. Que se haga según tu Voluntad. Desde el día de su elección para ser obispo, Román se ha guiado por un texto que aparece entre las lecturas diarias de las Escrituras: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el Evangelio! (1 Cor. 9,16).

En la reciente exhortación apostólica postsinodal Pastores Gregis, de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, Sobre el Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la Esperanza del Mundo, basta con fijarse en el título para ver en él la pasión del ministerio que el Obispo Román ha ejercido entre nosotros.

El Papa escribe: “La actividad evangelizadora del Obispo, orientada a conducir a los hombres a la fe o robustecerlos en ella, es una manifestación preeminente de su paternidad”. (26) Y continúa: “el anuncio de Cristo ocupa siempre el primer lugar y el Obispo es el primer predicador del Evangelio con la palabra y con el testimonio de vida. Debe ser consciente de los desafíos que el momento actual lleva consigo y tener la valentía de afrontarlos”. (26)

Añade el Papa: “el obispo debe promover y preservar una auténtica pasión por la catequesis” (29)

El Santo Padre señala: “La evangelización de la cultura y la inculturación del Evangelio forman parte de la nueva evangelización y, por tanto, son un cometido propio de la función episcopal”. (30)

Y afirma además: “De igual importancia para la proclamación del Evangelio… son los medios de comunicación”.

En todas estas áreas, cada uno de nosotros es llamado igualmente a asumir un papel activo y responsable en la misión de la Iglesia. Es por ello que hoy damos gracias por este querido obispo, por su labor bien realizada y por la inspiración que ha sido para tantas personas.

La Solemnidad de la Anunciación se ha convertido en la fiesta patronal de todos los centros de iniciativas pro-vida en el mundo. Por lo tanto, puede que resulte providencial recordar aquí una historia de la vida real: Cuando María Román quedó embarazada con el pequeño Agustín Aleido, aquél fue un embarazo difícil. Estos humildes campesinos (María y Rosendo) fueron a la consulta del médico, tal vez intimidados por la ciencia y la autoridad del doctor, pero, cuando éste les recomendó la necesidad de un aborto, la humilde María respondió en una forma muy cubana: “¡¡¡ohhhhh nooooo!!! Su valerosa decisión dio entrada en el mundo a alguien que tenía una misión y un propósito providenciales, incluso desde el vientre de su madre. (Jer. 1,5.)

Mientras pasamos del altar de la Palabra al altar del sacrificio en esta solemnidad de la Anunciación –esta noche, en esta catedral dedicada a la Inmaculada–, uno recuerda las palabras de Su Santidad en Iglesia de Eucaristía: “Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor… En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino”, pues “María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia”. (E. E. 55.)

Fuente: La Voz Católica, Arquidiócesis de Miami. 23 de Marzo del 2004